jueves, 30 de enero de 2014

Operada y mutilada: ¿Por error?

No todos los médicos son éticos...

Ante toda la polémica desatada en torno al trato ético de los médicos hacia sus pacientes y  la insistente ola de apoyo a los doctores por su posible enjuiciamiento en algún momento de su carrera por la “mala práctica médica” me siento en la obligación de compartir mi historia para que se conozca la otra cara de la moneda. La cara de quienes en algún momento confiamos nuestros cuerpos a los doctores y salimos defraudados.

En 2011 visité un conocido hospital de la ciudad de Quito por unas hemorragias frecuentes en mi periodo menstrual. Siempre tuve diagnóstico de útero poliquístico pero esta vez los dolores eran mayores y prácticamente no podía seguir viviendo ni trabajando así.

Fui atendida por mi seguro médico privado en unos consultorios muy elegantes, por un ginecólogo que me aseguró que la única salida era la operación de útero, con la finalidad de retirar los dos quistes que me estaban molestando  y poder seguir con mi vida normal.

Sería una operación de rutina, solo un día de internamiento tras la operación y luego a casa a seguir con mi vida normal.

Ese día, 26 de diciembre de 2010, llegué muy temprano en la mañana y hablé con la anestesista, estaba muy nerviosa porque me asusté la noche anterior con un artículo  de Internet que hablaba de los doctores que “sacaban úteros” para cobrar más en otros países. La doctora me planteó la posibilidad de hacerme una anestesia general para estar más tranquila y acepté.  Minutos antes en el quirófano llegó mi doctor. Lo único que le pedí, le rogué y le supliqué es que no me saque el útero.  En ese momento sonrió y me dijo que solamente pasaba en personas que estaban muy mal, que yo solo tenía quistes, que estemos tranquilos.

Pasaron dos horas…

Al salir estaba en cuidados intensivos, había perdido mucha sangre me dijo la enfermera y estaba muy fría. La anestesista fue a verme y mirándome a los ojos me indicó que habían “tenido” que sacarme el útero en la operación. Pedí hablar con mi doctor pero ya no estaba en la clínica.

Cuando me pasaron a la habitación la cara de mi madre era de preocupación extrema y de tristeza.  Me dijo que el doctor salió durante el procedimiento y le dijo que mi útero estaba muy grande, del tamaño de una pelota de fútbol. Que le firmara la autorización para sacarlo porque yo estaba muy mal y era riesgoso dejármelo así.  Mi madre consultó por teléfono con mi papá que entonces aún  vivía y juntos decidieron CREER EN ESE MÉDICO Y DARLE SU VOTO DE CONFIANZA CON UNA FIRMA.
  
Cuando el doctor finalmente me dio la cara  en el hospital me dijo sonriente que yo ya tenía dos hijos, que me había dejado los ovarios para no tener efectos de menopausia  y que por último,   “para qué quería un útero deficiente”, incluso me dijo que en tres meses más hubiera tenido un cáncer si me lo dejaba. Esta explicación no me dejó satisfecha y comencé a indagar.

La biopsia del útero  extraído dice específicamente que el órgano estuvo dentro de los parámetros normales de tamaño y de textura, no había ningún indicio de células malas o cancerígenas. Solo detalla los dos quistes que supuestamente tenían que sacarme. Es decir, ¡era un órgano normal!

Debido a la gran cantidad de sangre que perdí me tuvieron que hacer transfusiones en el hospital pero no me recuperé del todo, mi cuerpo ya no quería responder, me quería morir. Sentía que mi vida como mujer estaba acabada, entré en una profunda depresión que me costó varios meses de recuperación.

El doctor que me operó, al que acudí tres veces más, siempre trató de calmarme diciendo que por mi edad, en ese entonces 36 años; era suficiente para dejar de pensar en tener hijos, decidiendo siempre por mí y pensando por mí, lo que era más conveniente. Que no necesitaba el útero para nada, incluso cuando le hablé de mis investigaciones sobre la pérdida de sensación durante el orgasmo  en mujeres sin útero me miró indignado y escandalizado diciendo que no conocía de estos “efectos colaterales”.

Segundo chakra, conciencia de ser
Segundo chakra, conciencia de ser.
Hoy han pasado tres años y ese señor sigue por ahí, operando tranquilo a mujeres que seguramente caen en su consultorio como yo.

Por mi operación se ganó alrededor de 2mil dólares más de lo que hubiera recibido por sacarme los quistes. Hace poco encontré una ginecóloga en esta misma ciudad  a la que regresé con todo el temor del mundo. Ella me dijo que al doctor que me operó le tienen como apodo en el gremio el “saca úteros” y me dio la razón, dijo que finalmente lo que me hizo aquel doctor fue una canallada por dinero.

Solo escribo esto para decirles que alguien tiene que parar este tipo de prácticas y regular de alguna forma el modo en el que nos relacionamos pacientes y doctores, para no sentirnos luego tan traicionados y dañados que no podamos volver a un médico. Si la Ley que sanciona la mala práctica médica ya estuviera en vigencia, yo podría escribir esto indicando nombres de clínica y de doctor sin ningún temor a represalias.

Estamos de acuerdo. Ninguno sale a matar, ninguno sale a dañarte, pero de existir  alguno dentro de todos  estos buenos médicos que lo hace perjudicándote, con premeditación y alevosía, debe ser sancionado.

Espero que mi historia le sirva de reflexión a un país convulsionado que siempre se pone del lado que la tendencia dicta y a veces se olvida de quienes hemos vivido el otro lado de la historia.

viernes, 14 de junio de 2013


El único Hombre de Acero que conocí

 

(Hasta que le llegó su criptonita)

 

 

Este fin de semana se estrena Superman, Man of steel  y también será el día del padre, fecha que este año se  presenta odiosa e invivible en medio de la tristeza, porque hace seis meses que mi padre se fue.

Perdón a quienes se ofendan pero, Henry Holguín,  fue el verdadero Superman,  un hombre de menos de 1,60 de estatura, flojo para los deportes, extremadamente flaco en su juventud y extremadamente gordo en su adultez. Mi padre era capaz de comerse tres bandejas paisas, dos tortas mojadas de chocolate de sweet an cofee y mandarse medio lechón en Navidad. Si eso no es tener el estómago más fuerte de la historia no se que lo sea.

Cuando tenía 36 años se cayó de la moto que siempre conducía como loco y se rompió el brazo izquierdo,  estando con yeso ese mismo año (25 de febrero de 1985) dos sicarios lo agarraron en la calle 11 oeste del Aguacatal en Cali, a las cinco de la mañana y le metieron a quemarropa 7 balazos que impactaron en diferentes lugares muy peligrosos, entre ellos la femoral, el brazo roto y también recibió un último disparo en la boca. “Para que no hables más HDP…”  le dijeron.

Mi padre encabezaba en ese tiempo una campaña propia desde Radio Súper de Cali para que los ciudadanos no se dejaran subir los servicios públicos, so pretexto de obras y arreglos que no se veían en la ciudad. Convocó a miles de caleños a las calles y a quemar sus recibos de servicios públicos en montañas frente al edificio del CAM. Federico Obirne, el  gerente en ese entonces de las Empresas Municipales, y actor confeso del atentado contra mi padre, no pudo aguantar a un chiquito tan bullanguero y molestoso como mi papá, que era escuchado por cientos de miles de caleños y vallecaucanos. Tuvo que mandarlo matar.

Pero una vez más, el hombre que sobrevivió a perderse en la selva a sus 24 años haciendo el recorrido de la novela, “Mi Alma se la dejo al diablo” de Germán Castro Caicedo, el hombre que se inventó la historia de la Machaca, el periodista que movilizó a toda la prensa internacional ante la sospecha de que el Nazi Martín Bormann estaba en los Llanos Orientales de Colombia, se levantó de 7 balazos, con su garganta intacta a seguir dando lora.  

 
Años después, con la ayuda de una loca de 16 años, organizó una marcha denominada “Cali no es solo coca”. Que pedía dejar de satanizar a una de las ciudades más lindas del mundo por el hecho de tener un cartel del narcotráfico. Yo lo vi, treparse delante de la limosina del entonces presidente Belisario Betancur para pedirle una audiencia y que lo dejara hablar ante el congreso y  hacer valer sus ideas anti imperialistas. Hicimos un letrero gigante que puso sobre la casa donde vivíamos que decía “Yankees Go Home”. Nos intervinieron los teléfonos, tuvimos que andar todos con chalecos anti balas. Fueron tiempos épicos.

Por eso 23 operaciones después; una de ellas a corazón abierto, hipertensión, diabetes y varias visitas a cuidados intensivos, para luego salir “papelito” a tomar wisky, dirigir el diario de mayor circulación del país y fumarse cuatro “baretos” diarios, yo me pregunto cómo es que un guapito, de licra pegajosa y chulo en la frente osa decir que es el hombre más fuerte del mundo.

"yo me pregunto cómo es que un guapito, de licra pegajosa y chulo en la frente osa decir que es el hombre más fuerte del mundo..."

 
Mi padre fue el único Hombre de Acero, el más hermoso espécimen humano que he conocido, sin bíceps, flojísimo para mover hasta una silla, pero el más valiente de los hombres. Como a todo Superman le llegó su criptonita. No sabría decir si ella también se envenenó con su carácter o si ambos terminaron por matarse un poco. Finalmente el amor fue la única fuerza que derrotó a mi súper héroe favorito, pero creo que en el fondo ese final tiene la esencia poética que merecía esta historia.

Feliz día a mi hombre de acero, el único que demostró con sus lágrimas y su amor que el más fuerte no es el que pega más duro, sino el que defiende sus ideales hasta la muerte.

 

 

martes, 15 de enero de 2013

Henry: “Échale semilla a la maraca pa’ que suene… cha cu cha”






A Salango... 

Bueno, estoy lista.
Casi dos meses después he postergado este momento hasta hoy.
Me siento ante estas teclas y percibo lo mismo que sentía cuando te ponías detrás del respaldo de mi silla para ver lo que escribía.
 -Escribes igualito a mí, es sorprendente…
-¿El estilo?,
 -Noooo…la velocidad”

Papá no era tan dulce como parecía, se tenía que ser muy valiente para ser tu hija.
Apareciste un día en mi casa después de dar a luz a José Miguel y me dijiste:

-          ¿Quién es este atravesado?,  ¡yo quería una nieta, y encima con ojos azules!!…Van a creer que me he robado ese niño si lo saco yo solo a pasear…

Años después tu vikingo sería tu confidente, casi, casi el mejor amigo. El alcahuete del teléfono con las chicas, el anzuelo en los centros comerciales para ligar.

Ahora que sé que me miras “todo el tiempo”, me siento más vigilada que nunca.
Comprendo que nunca te sentiste del todo conforme con mi manera de ser y de pensar.
Cuenta la leyenda que estabas muy orgulloso de mi, que últimamente habías conversado sobre la posibilidad de estarme “admirando”... y yo que te conozco “mosco”, se que hubieras preferido que fuera una loca a tu imagen y semejanza.

Se también que las cosas en que fui rebelde contigo y que más te joden es haber sabido que me resistí a ser promiscua, viciosa, “hipposa” y a exponerme en público solo para no ser como tu. En eso fallaste, debiste haber sembrado mejor en mí la semilla del desorden.

No quiero repasar las líneas anteriores. Supongo que hay reclamos que no te esperabas y sentimientos que sabías que me estaban matando.

En realidad te confieso, siempre pensé que iba a irme primero que tu.  Me encantaba cuando con tus manos sobre mis hombros me decías que estaba “cargada” de estrés, que no sabía vivir, que tu eras más fresco y por eso ni las balas podían matarte. Tenía 12 años cuando un día me llevaste a tu oficina y sacaste un acetato de Leonardo Favio… “Acordate de olvidarme, yo te lo pido…que una bala me espera en cualquier sitio”…y yo me pregunto, si estuviste contento de irte por un paro cardiaco y no por un tiro. Cuantas veces planeamos qué hacer en medio del atentado, como yo me escondería bajo el asiento del copiloto y tú saldrías a sangre y fuego, mientras yo cargaba una pistola y les daría “matute” a todos en venganza. No quedaría uno.

También planeamos mil veces, como en medio de una conmoción cerebral, si llegaras a quedar vegetal, yo tendría que desconectarte, no querías estar pegado a un aparato para sobrevivir y me hiciste jurarlo. Traidor. Ahora sé que lo  hiciste prometer a mis hermanos, nietos, a los amigos y hasta a los desconocidos. No dejaste puntada sin dedal.

Lo que me tranquiliza, en serio, es que no sufriste. Esa sensación de que fue una muerte plácida, de cinco minutos a lo máximo me explicó el doctor. Sólo pocos sabemos lo feliz que estabas y el porqué en ese preciso instante. Por tanto si creo que lograste hacer las paces con Dios y que te dio un pase de una forma muy amable al otro lado.

Últimamente estoy muy desubicada, hablo en pasado y presente como si no hubiera diferencia. Te nombro y no atino a decir… “mi papá era, o mi papá decía”…tengo el tiempo pasado en modo difícil. 

Si me preguntas de qué me arrepiento. Quizá de no haber ido más frecuentemente a estar contigo en estos dos últimos años. Cuando venías a Quito últimamente ya no peleábamos como novios. Me arreglaba muy bien para que no digas que estoy gorda, que estoy con cara triste o amargada, era como esperar a un viejo amigo que nunca tuvo contigo palabras de hipocresía. Al contrario siempre dijiste lo que pensabas de mi, tal cual, y por eso, cualquier desición en mi despelotada vida, pasaba por tu observación.

En el último año, cuantas veces nos dijimos “te amo”… ¿presentíamos?,  atesorábamos quizá cada momento para después. Como si aquel divorcio de afectos de años, nos hiciera vernos hoy como lo que fuimos dos personas “grandes” con derecho a ser felices como bien nos parezca.

El amor es extraño. Nos toma años comprender que es un sentimiento que abarca mucho más que la estrecha visión de pareja. Yo te amé y ahora comprendo que eres el referente de amor que le puse a todo, a mi carrera, a mi manera de ser mamá, a mis palabras, a mis acciones. Siempre intentando pensar en lo que tú harías o no harías. Buscando ser distinta a ti, hice gala de la estirpe Holguín siendo como tú en tantas otras cosas.

Tuve que meterme una dosis de Lavoe para escribir esto. Por que solo Lavoe nos comprendía a ambos. Por que esa dosis de humor negro, sangre, celos y presentimientos mortales es la maldición  que ha marcado nuestras historias.

Tu comadre Sarita, la pelirroja que adoraste, todas las noches conversa contigo. Quisiera tener ese espíritu de niña y creer que me escuchas, que me ves. ¿Puedes escucharme donde estás?, ¿Cuánto vale un Cielo azul, si un día le falta ser Sol?...

Como no podía ser de otra manera, desataste una tormenta. Es una tormenta que viene lloviendo desde el 7 de Diciembre. Los Holguines hemos sacado lo mejor y lo peor de nosotros, los amigos han demostrado cuanto te querían y los que no lo eran han “pelado el cobre” tal y como lo anticipaste siempre.

Allá con Lavoe, con Tito Puente, con Celia, con Saramago, con Proust, con Facundo, Mercedes, con Bukowski, Dante y con el mismo demonio has de estar convenciendo a Jesús de hacer una farra en el cielo.  Suenan las campanas de la salsa con su “titicó” y hacen el pasito “cañandonga”. Cielos y etapas más arriba te pegas una vuelta a saludar a Guillo, comparten impresiones sobre lo que ha sido de las vidas de quienes nos quedamos sin ustedes y critican, par de viejitos chismosos, ya sin prisa, cosas como  que no te revisaron la ropa antes de meterte al cajón, ni te hicimos el bien de ponerte la camiseta de tu Barce.

Se que no te gustaba que te diga Henry, te morías de rabia por que lo considerabas una falta de respeto para contigo. Ahora te puedo decir como me de la gana, y sonrío con la cara que te encantaba que ponga, con la que te convencí, desde llevarme a una fiesta a los 16 años, hasta de dejarme vivir contigo un tiempo cuando se me separé.

Donde estés, Henry…mi pana, mi amor. Échale semilla a la maraca para que suene y déjanos saber que tu energía, tu risa, tus abrazos y tu espíritu siguen con nosotros…porque, “sin negro, no hay Guaguancó”.




sábado, 29 de enero de 2011







Hoy retomo el blog, afición que en la nueva ciudad donde vivo, al parecer es algo a lo que mucha gente le dedica tiempo. Me pagan por escribir, que me vean escribiendo: ¿no?

Leo mis post del 2008 y 2009 y me doy cuenta que entre más pasa el tiempo las prioridades de la vida van cambiando de manera bastante dispar.

Será por que en ese entonces con unos hijos mucho más indefensos y pequeños, así como una relación amorosa que parecía eterna y segura, una vida económica medianamente holgada, todo se complicaba por otras aristas que hoy parecen completamente absurdas y que en ese entonces parecían “muy” graves...

21 kilos menos, dos trabajos hechos a un lado, madre huída, padre en etapa kármica, hijos lejos, un hogar menos y un pequeño ser que se diluyó en la atmósfera solo puedo decir para la posteridad:

-El amor como un método no existe, nadie lo inventó, no es un hecho que se pueda palpar o medir.

-Existen momentos hermosos con la persona objeto de ese amor: aprende a apreciarlos, a detectarlos y no los desperdicies.

-Ama mucho más a menudo, saca tiempo para amar como lo sacas para ir al odontólogo o para ver la novela de la noche.

-Deja tu trabajo a un lado cuando se trate de tu pareja. Clasifica tus amigos en otro rubro o escala de amor diferente, deja tu arrogancia para la lucha diaria.

-El amor no es un combate ni una competencia. Ama sin reservarte nada, dilo constantemente, así des por sentado que esa persona “lo sabe” dilo muchas veces.

-Piensa y expresa cuanto admiras a esa persona y cuanto la necesitas en tu vida. No estás mostrando debilidad estás amamantando una relación que puede morir de un suspiro.

-Deja de joderte la existencia por cosas que parecen urgentes, no te alteres por pendejadas, no des por hechas suposiciones estúpidas. NO TE ESCUCHES CUANDO SOLO SEPAS DECIR COSAS IMBÉCILES (consejo marca registrada).

-Desprecia todo aquello que te sea ajeno, los chismes, la envidia, los comentarios despectivos, las alucinaciones respecto a lo que piensan de ti.

-Intenta amarte. Yo todavía no lo logro pero si tienes oportunidad, realiza un poderoso intento por amarte. Eres una persona única, especial. Si no estás contento con la forma de ser que tienes intenta buscar ayuda.

-Me ha servido mucho estar cerca de Dios. Busca la forma. No te agarres a él como un Dios rescatista ni un Dios que aparece para solucionarte las cosas de repente.
Intenta verlo en las cosas buenas que quedaron de tu vida. El no te traerá dinero de golpe, el olvido de golpe, pero si lo buscas, aunque sea un ratito, traerá “de golpe” la calma a tu corazón y te quitará la angustia mejor que un calmante o un cigarrillo…

Dice la gente que no teme hablar con franqueza, que yo suelo ser dramática, escribir dramático y buscarme la lástima ajena.

Ahora me pregunto, ¿Qué saco con la lastima de los demás? He aprendido que las personas suelen ser solidarias por exactamente 1.25 días, (con algunas excepciones que confirman la regla). Por eso ahora mejor ni intento contarle mis cosas a nadie. Ni familia, ni amigos. Hay cosas que son más fáciles si se hacen sola, si se logran sola, si se aguantan sola.

Dicen los entendidos que estoy en una etapa de prueba. Como si fuera un dispositivo que tengo que mejorar y estoy en experimentación. Así decidí tomar estos días, estos meses y recordar estos dos últimos años. No siento amargura sino una profunda incertidumbre. Acostumbrada a que las cosas tenian que ser a mi manera hoy me abandono a la voluntad de quien maneja los hilos.

Sí usted aun no ha aceptado que hay una fuerza superior a todo, que mueve la fuerza de su vida de maneras aleatorias e insospechadas. Sí usted es de los que cree que tiene el control de su vida, le tengo noticias: Cualquier día le cambia la vida.

Seguiré escribiendo en esta nueva etapa. Espero retomar los cuentos y de pronto una novela. También quiero rescatar cosas que para mi son importantes en este blog como cuentos o extractos de diferentes autores. Bienvenidos los que quieran entrar a estas mazmorras profundas a las que a veces hay que abrirles las ventanas para que entre aire, sol y calor…

viernes, 9 de octubre de 2009

María Lagos


















“Camina que camina, María Lagos”...

El flaco con aire intelectual va en el vagón del tren, le fastidia la luz titilante mientras intenta leer. Decide cerrar el libro. Saca un abrigo de su maleta y cierra los ojos. Sueña con un pantano, con un pozo negro y humeante. De él emerge un seno turgente, blanco y redondo coronado por un pezón perfecto.

Se despierta asustado, sudando. Ya se ha hecho de día. El sol entra por las persianas de manera perpendicular. Él se escabulle de la luz, ora, y se persigna. Se levanta y saca de su maletín la sotana, la alisa con la mano y mira la hora en el reloj. Es momento de bajarse del tren.

Llega a la estación y lo espera el dependiente en el mostrador, le han dejado un encargo para el “curita” nuevo de Puerto Rico. Es una vieja bicicleta oxidada que rechina a cada movimiento. El calor es abrasador, pero le han explicado que la iglesia queda retirada del caserío del pueblo y debe llegar solo hasta allá, como referencia le dicen que es cerca de un faro que se divisa a lo lejos. La cruz también se alcanza a ver.

Mientras pedalea la descubre. Lleva el esqueleto de un paraguas sobre el hombro, es menudita y frágil, el cabello cobrizo y suelto le llega hasta la espalda. Va con un vestido de encajes con florecitas, que tal vez alguna vez fue blanco y a fuerza de tantas lavadas se convirtió en un color indefinido. Tiene pecas que se asoman por sus hombros. Ella parece danzar sobre la arena despreocupada, con los pies descalzos. Tiene las manos bellas y los dedos, largos.

A lo lejos un grupo de niños pescadores suelta las redes y corre tras de ella como una parvada de pelícanos, la rodean y la empujan: “pobrecita la mudita, pobrecita María Lagos, camina que camina, María Lagos…”. Ella los mira, pero no hace nada, sigue andando con su pasito uno-pasito dos- saltito. Da la vuelta de repente y lo mira desafiante. Fusila con ojos fijos a ese hombre vestido de negro entero como un cuervo, con su cuello blanco y su sombrero de paja, que la observa desde lejos apoyado en la bicicleta.

Él siente su mirada, arde su rostro. Ha visto la cara más bella del mundo hasta entonces, ha visto esas cejas gruesas y los ojos verdes y profundos. Se ha perdido en el fuego de su pelo y huye.

II
Su primera iglesia es pequeña, vetusta, hecha de madera, caña, tejas de zinc. Piensa que luego podrán mejorar las cosas, que es un buen pueblo este al que lo han enviado, espera conocer mañana a su rebaño, se va a descansar.
María ha llegado. Tuvo tiempo para lavar el piso, ha pulido la madera; ha sacado al gato a escobazos, también puso a cada santo su ropa de domingo para recibir al recién llegado; las bancas relucientes, el cáliz más brillante, flores para la Virgen. El despierta, siente un fuerte olor a rosas, lo sigue con el olfato por toda la estancia y la encuentra preparando el café en la cocina de espaldas y descalza, un rayo de luz entra por la ventana y refleja en su cabellera. Quiere hablarle pero recuerda que es muda, solo sonríe y ella devuelve la sonrisa con la taza de café en la mano que el recibe de manera temblorosa.

Ha salido la luna y comienza a garuar en Puerto Rico, el faro gira su luz para llamar a los pescadores que se encuentran extraviados en alta mar y mostrarles el camino que los traerá de vuelta a casa.
María está sentada hace horas en el piso de tierra viendo como caen las polillas, tras dar vueltas y vueltas fascinadas por el foco de la sala. Las levanta con curiosidad, las destripa como liendres, las sopla crédula pensando que puede revivirlas.

Él contempla absorto desde una esquina el espectáculo con una dulce pena, la mira sonreír y hasta adivina en su rostro por momentos la lucidez. Intenta descifrar cómo una obra de tal perfección puede haber llegado a la locura a tan corta edad. Se propone enseñarle los caminos de Dios y su palabra, hace planes a futuro para hacerla salva y de ser posible santa.

III
María lo ha visto entrar a la sacristía a eso de las diez, afuera las olas rompen vigorosas y ella marca en el reloj de cuerda las tres de la mañana, adelantando el tiempo en paralelo con sus sueños. Entra despacio, buscando a tientas los muebles, la silla, la cama. Se desliza adentro de las sabanas calientes, el fuerte viento hace rechinar y chillar las tejas como gatos en celo.

Introduce su mano en el pantalón de franela, encuentra lo anhelado, lo mueve, lo unge de su aliento. Para cuando él despierta ya es muy tarde, el pantano esta allí mismo, en esa cama hirviente. La descubre desnuda, la besa, reconoce sus turgencias, sus caderas estrechas, sus humedales ardientes y desconocidos.

Suenan cuatro campanadas. La embestida gloriosa ha durado exactamente sesenta minutos. Tras la batalla ella ha ganado y se levanta airosa, se calza y sale por la puerta. Él apenas ha podido ponerse el pantalón mojado para salir tras ella en la tormenta. La ve correr al faro y se da cuenta que debe seguirla hasta la cima.

La encuentra, dando vueltas frenéticas a la luz incandescente, corriendo desnuda, en círculos perfectos con sus brazos abiertos imitando un vuelo de alas invisibles, suicida insecto alado queriendo estar más cerca de la luz a cada giro. Un torrente de lluvia cae sobre el viejo techo del faro, María continúa su vuelo imaginario ante el absorto sacerdote que apenas alcanza a distinguir entre la luz intermitente que su cabellera empapada lleva puesta la corona de la virgen del Cisne.

De pronto María se ha detenido. Lo toma de la mano y le muestra el camino al pequeño balcón. Desde el borde de la baranda puede ver hacia abajo los acantilados y las olas rompiendo al compás de los truenos y el viento, todos en una orquesta ensordecedora. Ella lo encara nuevamente, pero esta vez es como en la mañana, una mirada dura y desafiante. Así, de un golpe; él puede comprenderlo todo. Llorando y empapado cae de rodillas por última vez.

Hoy es domingo y la bicicleta ha regresado misteriosamente a la estación como desde hace tres años, otro tren llegará nuevamente próxima semana.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Del Taller Literario al blog y a ver como me va...


-Hola lectores, ahora estoy en una nueva etapa. Tratando de escribir lo que siempre he querido sacar y estoy en un taller literario con la conocida escritora guayaquileña, Solange Rodríguez. Voy a postear de vez en cuando mis textos y espero que los disfruten. Acepto críticas y opiniones. Gracias :)
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-1-
Porque deseaba con locura salir de esas cuatro paredes, disfrutar aunque fuera unas horas de música electrónica a lo que aguanten los oídos, integrarse a esos cuerpos sudorosos danzando en una pista al ritmo del tum/tum/tum; necesitaba desesperadamente conseguir dinero.
Antonia tenía 16 años y se consideraba lista para la vida. Estaba sentada ahí en su cama, contemplando el afiche de Axel Rose pegado en la pared y pensaba que se le veía un increíble paquete. Aún virgen se remecía en la sola contemplación de su ídolo posando en una licra roja brillante.
Pensó en lo que sentiría si pudiera tenerlo cerca, besarlo y poseerlo mientras Axel le susurraba a su oído la letra de “november rain” acompañado de sus característicos gemidos.
Dejó de escuchar la música en su cabeza y su mente aterrizó, volvió a concentrarse en el objetivo de ese sábado. Le daba vueltas a la forma de hacerse invitar a aquel lugar de moda del que todos hablaban, pensó en llamar al muchacho que la había sorprendido aquella vez en el parque. Un perfecto desconocido con uniforme de policía, era lindo, pero; -¿a qué clase de persona en su sano juicio se le ocurre meterse con un policía? - Se preguntó.
Agarró el teléfono, no sin recordar que la línea se encontraba en riesgo de corte a cuenta de sus eternas conversaciones:
-Aló flaca, ¿Cómo vas a salir esta noche?- dijo Antonia bajando la voz para que no la escuchara el “sapo” de su hermano en el piso de arriba.
-Como siempre sonsa y más te vale que vayas por que van a repartir tequila que da miedo, acuérdate que allá hay barra libre.
“La flaca” tal y como era conocida Janina entre sus amigos era, es y seguirá siendo, si es que todavía vive, un ser de piedra.

Tenía por costumbre dormir a sus viejos. Les daba pequeñas dosis de un potente tranquilizante en el café de las seis de la tarde y los dejaba profundos mientras salía campante saltando con pericia la pared de su patio trasero aún en diminuta minifalda. Solía también vaciar la billetera de su papá antes de irse y jugar con ellos como muñecos inanimados dejándolos semidesnudos en la cama en posiciones comprometedoras aunque sabía bien que su vida sexual era un asco. Locuras de una hija única.
Antonia armó la pequeña maleta: desodorante, protectores diarios, interiores tipo hilo, camiseta para dormir. Abajo en el fondo, la minifalda, la blusa negra, el maquillaje que aún, según su madre, era inapropiado para su edad y los infaltables cigarrillos.
Salió de la casa, llevaba bajo su ropa la alcancía de su hermano menor, que había bajado de un recóndito rincón encima del armario. Sin ningún remordimiento se sentó detrás de un árbol calles más adelante y delicadamente sacó su navaja de la chaqueta de jean que siempre la acompañaba. Como una lata de atún, el metal se fue abriendo a cada embate de la navaja, y Antonia podía ver que se asomaban monedas y billetes de diferentes denominaciones que no tardó en seleccionar y agrupar, 35 mil pesos. Toda una fortuna para alguien sin absolutamente un centavo en el bolsillo hasta entonces.
Despacio guardó su botín en la mochila y se cuidó de que nadie la vea botar depósito de la basura la prueba de su delito. Caminó unos pasos más hasta la entrada, se persignó al entrar y le dio un beso a su mamá, llegó justo en el momento clave, -yo pecador me confieso, ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado mucho-, recitó de memoria al igual que todos los feligreses de la pequeña iglesia de barrio, -por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa- respondieron todos al unísono con golpes de pecho.
Había pedido permiso para ir a dormir a casa de Juliana, amiga desde la infancia, completamente opuesta a la imagen rebelde que proyectaba Antonia. Juliana era especialista en parecer una niña dulce y tenía ese aire inocente que evadía cualquier sospecha, su manera de vestir, sus gestos, su voz, la piel inmaculada y los cuidadosos peinados de “reinita de belleza” hacían que todas las madres del barrio la tuvieran por ejemplo de comportamiento, modelo de moralidad.
Juliana siempre resultaba la mejor coartada de sus compañeras de rumba, sus papás casi nunca estaban en la ciudad y la abuela octogenaria no notaría que esa noche también iban a desaparecer justo cuando ella terminara de rezar el rosario y se tomara su agüita de valeriana. El plan estaba saliendo a la perfección.
Antonia caminaba y una idea daba vueltas por su mente, ¿sería posible que notaran la falta del dinero?; pero, ¿cuántas veces había llamado a su padre a pedirle plata y se había encontrado con una negativa?, recordó haber pedido también a su mamá una mesada sin éxito -desde que se separaron me tienen abandonada- justificó. Además pensó en el enano insoportable de su hermano y en las ocasiones en que la había chantajeado con sus secretos y robado lo poco que le quedaba del dinero del recreo.
-¡Qué se jodan!- gritó en voz alta y pateando al aire
-2-
La casa de Juliana era una villa de piedra ubicada a pocas calles. Los dos sauces llorones de la entrada con sus largas cabelleras no mejoraban el aspecto lúgubre de esa mansión que en otro tiempo seguramente fue bella y señorial. Hoy lucía tan vieja como la abuela que la recibía en la puerta, siempre sin mucho ánimo y arrastrando sus piecitos como si la vida le pesara plomo.
Del teléfono de la habitación llamaron a Janina y sincronizaron relojes, eran las siete y media de la noche.
Mientras Juliana rezaba afuera el rosario con la abuela, Antonia que se había disculpado por una fuerte jaqueca se acostó mirando el cuarto de su amiga con una profunda lástima. Un oso de peluche por aquí y otro por allá. Las pequeñas muñecas de porcelana puestas primorosamente en una repisa construida en madera y cintas de colores pastel. El cuadro del ángel de la guarda cuidando una pequeña niña que seguramente en algún momento de su infancia se pareció a julianita. –Patético-, se dijo; -simplemente patético, si tuviera que dormir aquí me suicidaría a los dos días- pensó.
Sacó del bolsillo un cigarro aplastado, se paró sin ganas y se fue al balcón. Trepó la reja y de un dos por tres estuvo en el techo de la vieja casona. El aire traía un olor a dulce y canela, el viento afuera zumbaba entre la vegetación.
De un rasgón prendió el fósforo con el cierre del pantalón, un viejo truco de rockero que le habían enseñado. Se recostó en las tejas aún húmedas de algún aguacero reciente y sintió fresquito.
Pensó de nuevo en él. Aunque habían pasado algunos días, tenía grabada su cara cuando apareció de la nada y la tomó del brazo fuertemente pero sin hacerle daño. La había encontrado con Hans y Janina en plena armada de un porro de marihuana en el Parque del Centro, a ella que era la armadora y no la fumadora. Cada que lo recordaba le daba mucha rabia. Temía confesar que más que rabia sintió vergüenza, a ella que todo le daba igual.
La palabra “policía” siempre le había resultado detestable y ahora era parte de ella y la tenía impregnada como un mal perfume al que no se puede sacar de la ropa con una simple lavada.
Tras el penoso incidente del porro, algunos empujones a Hans y unas cuantas groserías dichas a los gritos por Janina recordó que “el policía” le tomó sus datos solo a ella, que entre las averiguaciones le pidió el teléfono de su casa, que ella le dio uno falso y que él se dio cuenta. Entonces, antes de dejarla ir, bajó la mano acariciando la parte interna de su brazo y le deslizó un papelito. Era una mano brusca y grande que introdujo su palma en la suya de manera electrizante.
Debía tener unos 20 años, eran las suposiciones de Antonia que había dado dos o tres vueltas de nuevo de manera “casual” para volver a verlo sin conseguirlo.
El dichoso papelito tenía un teléfono escrito con mala letra en el que se leía: “estación 35, teléfono… Agente Torres”. Podía llamarlo, pero ella era así. Se negaba a hacerlo y prefería encontrarse con él frente a frente, quería tomar valor para acercarse a una persona que definitivamente no encasillaba en su mundo.

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Este fragmento es parte de algo más largo y aún no tiene nombre, queda en "continuará". Trataré de escribir más corto para cuento en estos días.

martes, 6 de enero de 2009

Guillermo Valencia - RITOS 1914




RITOS
Por Guillermo Valencia
Segunda edición, 1914

ANARKOS

De todo lo escrito amo solamente lo que
el hombre escribió con su propia sangre.
Escribe con sangre y aprenderás que la
sangre es espíritu.

Federico Nietzsche.

En el umbral de la polvosa, puerta,
sucia la piel y el cuerpo entumecido,
he visto, al rayo de una luz incierta,
un perro melancólico, dormido.

¿En qué sueña? Tal vez árida fiebre
cual un espino sus entrañas hinca
o le finge los pasos de una liebre
que ante sus ojos descuidada brinca.

Y cuando el alba sobre el Orbe mudo
como un ave de luz se despereza,
ese perro nostálgico y lanudo
sacude soñoliento la cabeza
y se echa a andar por la fragosa vía,
con su ceño de inválido mendigo,
mientras mueren las ráfagas del día
para tornar a su fangoso abrigo.

Hundido en la cloaca
la agita con sus manos temblorosas,
y de esa tumba miserable saca
tiras de piel, cadáveres de cosas.
Entre tanto, felices compañeros
sobre la falda azul de las princesas
y en las manos de nobles caballeros
comparten el deleite de las mesas;
ciñen collares de valioso broche,
y en las gélidas horas de la noche
tienen calor, en tanto que el proscrito
que va sin dueño entre el humano enjambre,
tropieza con el tósigo maldito
creyendo ahogar el hambre,
y en las hondas fatigas del veneno
echado sobre el polvo se estremece,
fatídico temblor le turba el seno,
y con el ojo tímido, saltado,
sobre la tierra sin piedad fallece.

Todos vuelven la faz, nadie le toca:
al bardo sólo que a su lado pasa,
atedia la frescura de su boca
"donde nítidos dientes
se enfilan como perlas refulgentes"...

Mísero can, hermano
de los parias, tú inicias la cadena
de los que pisan el erial humano
roídos por el cáncer de su pena;
es su cansancio igual a tu fatiga,
como tú se acurrucan en los quicios
o piden paz, sin una mano amiga,
al silencio de oscuros precipicios.
Son los siervos del pan: fecunda horda
que llena el mundo de vencidos. Llama
ávida de lamer. Tormenta sorda
que sobre el Orbe enloquecido brama.

Y son sus hijos pálidas legiones
de espectros que en la noche de sus cuevas,
al ritmo de sus tristes corazones
viven soñando con auroras nuevas
de un sol de amor en mística alborada,
y, sin que llegue la mentida crisis,
en medio de su mísera nidada
¡los degüellan las ráfagas de tisis!

Los mudos socavones de las minas
se tragan en falanges los obreros
que, suspendidos sobre abismo loco,
semejan golondrinas
posadas en fantásticos aleros.
Con luz fosforescente de cocuyos,
trémula y amarilla,
perfora oscuridad su lamparilla;
sobre vertiginosos voladeros
acometen olímpicos trabajos,
y en tintas de carbón ennegrecidos,
se clavan en los fríos agujeros,
como un pueblo infeliz de escarabajos
a taladrar los árboles podridos.
Sus manos desgarradas
vierten sangre; sarcástica retumba
la voz en la recóndita huronera:
allí fue su vivir; allí su tumba
les abrirá la bárbara cantera
que inmóvil, dura, sus alientos gasta,
o frenética y ciega y bruta y sorda
con sus olas de piedra los aplasta.

El minero jadeante
mira saltar la chispa de diamante
que años después envidiará su hija,
cuando triste y hambrienta y haraposa,
la mejilla más blanca que una rosa
blanca, y el ojo con azul ojera,
se pare a remirarla, codiciosa,
al través de una diáfana vidriera,
do mágicos joyeles
en rubias sedas y olorosas pieles
fulgen: piedras de trémulos cambiantes,
ligadas por artistas
en cintillos: rubíes y amatistas,
zafiros y brillantes,
la perla oscura y el topacio gualda,
y en su mórbido estuche de rojizo peluche,
como vivo retoño, la esmeralda.
La joven, pensativa,
sus ojos clava, de un azul intenso,
en las joyas, cautiva
de algo que duerme entre el tesoro inmenso
no es la codicia sórdida que labra
el pecho de los viles:
es que la dicen mística palabra
las gemas que tallaron los buriles:
ellas proclaman la fatiga ignota
de los mineros; acosada estirpe
que sobre recio pedernal se agota,
destrozada la faz, el alma rota,
sin un caudillo que su mal extirpe:

El diamante es el lloro
de la raza minera
en los antros más hondos de la hullera;

¡ loor a los valientes campeones
que vertieron sus lágrimas
entre los socavones!

Es el rubí la sangre de los héroes que, en épicas faenas,
tiñeron el filón con el desangre
que hurtó la vida a sus hinchadas venas;

¡loor a los valientes campeones
que perdieron sus vidas
entre los socavones!

El zafiro recuerda
a los trabajadores de las simas
el último girón de cielo puro
que vieron al mecerse de la cuerda
que los bajaba al laberinto oscuro;

¡ loor a los sepultos campeones
que no verán ya el cielo
entre los socavones!

Y el topacio de tinte amarillento
es recóndita ira
y concreciones de dolor; lamento
que entre el callado boquerón expira;

¡ loor a los cautivos campeones
que como fieras rugen
entre los socavones!

La joven pordiosera
huyó. . . . . .

¿Que formidable vocerío
pasa volando por el azul esfera,
con el lejano murmurar de un río?
Es una turba de profetas. Vienen
al aire desplegando los pendones
color de cielo; sus cabezas tienen
profusas cabelleras de leones.
En sus labios marchitos se adivina
el himno, la oración y la blasfemia;
llama febril sus ojos ilumina
de sacros resplandores;
pálidos como el rostro de la Anemia,
llegaron ya; son los conquistadores
del Ideal: ¡dad paso a la bohemia!
Ebrios todos de un vino luminoso
que no beben los bárbaros, y envueltos
en andrajos, son almas de coloso,
que treparán a la impasible altura
donde afilan sus hojas los laureles
conque ciñes de olímpica verdura
en tu vasto proscenio
a los ungidos de tu Crisma, ¡ oh Genio!
Aquel muestra su aljaba
de combate, repleta de pinceles;
el otro vibra, como ruda clava,
un cuadrado amartillo y dos cinceles;
se interrogan, se dicen sus proyectos
de obras que dejarán eternos rasgos;
aunque sean insectos,
el mármol y el pincel los harán astros.
Un escultor ofrece
pulir la piedra como fino encaje
para velar un seno que florece
bajo la ténue morbidez del traje;
aquése de fosfórica pupila,
que las del gato iguala,
discurre solo en actitud tranquila
con el azul cuaderno bajo el ala;
y el bardo decadente,
el bardo mártir que suscita mofas,
levantará la frente,
alto nido de férvidas estrofas,
y de sus labios, que el reír no alegra,
brotará el pensamiento
como un águila negra,
con las alas enormes
desplegadas al viento,
para cantar la Venus Victoriosa
cuya violenta juventud encarne
el espíritu alegre de la diosa
en las melancolías de la carne.

El músico, doblando la cabeza
sobre la débil caja
de su violín sonoro,
dice la voz que de los cielos baja
como un perfume del jardín de oro,

y, agarrando del cuello enflaquecido
al tísico instrumento,
lo hace gritar con trágico alarido,
y con ahogados trémulos simula
el sollozo de un mártir que se queja
bajo el negro dogal que lo extrangula;
y sobre todos flota,
como un sueño de amor en la noche larga,
la paz del arte que su duelo embota
y su llagado corazón embarga.

Desventurada tribu
de miserables, vuestro ensueño vano
vuela solo entre sombras como vuelan
las grullas en las noches de verano.
Esa lumbre asesina de los focos
que doran las soberbias capitales,
arderá vuestras frentes inmortales
y vuestras alas de zafir, ¡oh Locos!
Sin pan, ni amor, ni gruta
donde dormir vuestras febriles horas,
sucumbís a la bárbara cadena,
sin más visión que la chafada ruta
que os empuja a los légamos del Sena ...
¡Canes, minero, artistas,
el árido recinto que os encierra
consume vuestros míseros desojos;
y en el agrio Sahara de la tierra
sólo hallasteis el agua ... de los ojos!
Huíd como una banda tenebrosa
de pájaros nocturnos que entre ramas
hienden la oscuridad sin voz ni huella;

morid: ¡para vosotros
no se despierta el día
ni se columpia en el Zenit la estrella
que llamaron los hombres Alegría
Cuan lejos de vosotros se levanta,
sobre columnas de marfil bruñido,
la ciudad de los Amos donde canta
su canto de ventura
el gozo entre las almas escondido.
Allí todos olvidan
vuestra angustia. Los árboles no dejan
-de silencio cargados y de flores-
> llegar, de los vencidos que se quejan,
el treno funeral de sus dolores;
allí, cual un torrente
que dé sus ondas a dormidas charcas,
resbala fríamente
con ruido sonoro
el oro, a los abismos de las arcas.
Allí las sedas crujen
como crujen las carnes sacudidas
por las fieras: son fieras que no rugen
los seres sin piedad. Ved como pasa
sobre el marmóreo suelo,
con su capa de pieles la hembra dura
cual un oso gigante sobre hielo.
¿Por qué se abren sus ojos
desmesuradamente?
¡Ah! si es que apunta con fulgores rojos
el astro de la sangre por Oriente.
Bajo el odio del viento y de la lluvia
por la frígida estepa se adelantan
los domadores de la Bestia rubia;

ya los perros sarnosos
se tornaron chacales. De ira ciego
el minero de ayer se precipita
sobre los tronos. Un airado fuego
entre sus manos trémulas palpita,
y sorda a la niñez, al llanto, al ruego,
¡ruge la tempestad de dinamita!
¡Son los hijos de Anarkos! Su mirada,
con reverberaciones de locura,
evoca ruinas y predice males:
parecen tigres de la Selva oscura
con nostalgias de víctima y juncales.
El furioso caer de sus piquetas
en trizas torna la vetusta arcada
que erigieron al Bien nuestros mayores;
y por la red de las enormes grietas
va filtrando, con tintes de alborada,
un sol de juventud sus resplandores.

Aquél un arma ruda
pide, que parta huesos y que exprima
el verbo de la cólera; filuda
por el trabajo, recogió su lima
de fatigado obrero,
y bajo el golpe de Lucheni, ¡muda
cayó la Emperatriz como un cordero!

Pini, Vaillant, Caserio y Angiolillo,
vuestro valor ante la muerte espanta;
negros emperadores del cuchillo,
que rendís la garganta
como débil mendrugo
a las ávidas fauces del verdugo;

de duques y barones
no circundó plegada muselina
vuestros cuellos. Allí donde culmina
el dorado listón de los toisones
os dio la guillotina
su mordisco glacial; vendimiadora
que la tez y las almas descolora.

Aún parece vibrar en mis oídos
la voz de Emile Henry; ya bajo el hacha
iba la a rodar su juvenil cabeza,
como la flor al soplo de la racha,
y exclamo: "GERMINAL,"
y de su herida
corrió una fuente de licor sagrado
que bautizó la historia dolorida
de los siervos, con óleo ensangrentado.
Y ése fue dulce al comenzar; renuevo
de razas de alto nombre.
¿Quién me dirá si un huevo
son de torcaz o víbora? La mente
no sabe leer lo que en el tiempo asoma;
el hombre, como el huevo,
en nidos de dolor será serpiente,
¡en nidos de piedad será paloma!

Por dondequiera que mi sér camine
Anarkos va, que todo lo deslustra;
¡un rito secular que no decline
ante el puño brutal de Bakunine,
y el heraldo feroz de Zarathustra!

No puede ser que vivan en la arena
los hombres como púgiles; la vida
es una fuente para todos llena;
id a beber, esclavos sin cadena;
potentado, ¡tu siervo te convida!
¡Nada escuchan! Los pobres, a la jaula
de la miseria se resisten fieros,
y con brazo de adustos domadores
y el ojo sin ternura, ¡los enjaula
la codicia sin fin de los señores!

¿Quién los conciliará? Tibios reflejos
de una luz paternal y vespertina
visten de claridad el linde vago:
es que el Patriarca de los Ritos viejos,
de sapiencia cubierto, se avecina,
con la nerviosa palidez de un mago.
Es flaco y débil; su figura finge
lo espiritual; el cuerpo es una rama
donde canta su espíritu de Esfinge;
y su sangre, la llama
que los miembros cansados transparenta;
de su nariz el lóbulo movible
aspira lo invisible,
son sus patricias manos una garra
febril y amarillenta
es de los griegos la gentil cigarra
¡que con mirar el éter se alimenta!
Impalpable se irgue
-melancólico espectro-
y de la cuerda blanca
a su místico plectro
la melodía arranca.

Impalpable se irgue;
hay algo de felino
en su trémula marcha,
hay mucho de divino
en la nítida escarcha
que su cabeza orea.
Cruza sin otras galas
que la túnica nívea
que semeja las alas
rotas de un genio de celeste coro,
y sobre el pecho una
cruz de pálido oro.
Alza el brazo. La Europa
lo aguarda como a antiguo caballero,
debajo de una bóveda de acero;
calla sus labios la soberbia tropa
de esclavos y señores;
el Pontífice augusto
trae el bálsamo santo que redime,
y calma la batalla de panteras;
revalúa lo justo;
ya va a decir el símbolo sublime ...
y de sus labios tiernos
salió, como relámpago imprevisto,
a impulso de los hálitos eternos
esta sola palabra:
"JESUCRISTO."
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